jueves, 30 de diciembre de 2010

AYUDEMOS A LOS ÁNGELES

Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra.
-         ¿Qué hay de nuevo? - pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
-         Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad.. .- contesta el ángel más viejo.
-         Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.
-         Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.
-         ¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? - Dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
-         ¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? - pregunta el anciano.
-         Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año.
-         Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
-         "Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor: sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.
-         Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.
-         Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".
-         Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.
-         Hagamos TODO, no esperemos que nos caiga del cielo... Ha comenzado un nuevo año, comencemos a hacer y quejarnos menos, comencemos a reír y llorar menos, comencemos a VIVIR y dejar de sobrevivir como si la vida en vez de una bendición, fuera un castigo... El camino, no siempre va a ser de rosas, pero si las llevamos con nosotros, aun en el paraje más oscuro, ellas nos recordarán que no siempre el camino es así....

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿COMO CASTIGAMOS A LA MENTIRA?

El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en una presentación en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia:

"Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el Instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.

Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir a una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 p.m. y volvemos a la casa juntos.

Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p.m. Él me preguntó con ansiedad:

 ¿Por qué llegas tarde?

Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar... esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: - Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo... así que yo manejé 5 horas y media detrás de él... viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso... Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese aprendido la lección?”
¡No lo creo!. Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.

¡Éste es el poder de la vida sin violencia!.

lunes, 13 de diciembre de 2010

A MI PADRE, ABUELO DE MIS HIJAS, MI QUERIDO VIEJO

En un mensaje reciente el Papa Benedicto XVI al recordar a los padres de la Virgen María, quiso hacerles un reconocimiento a todos los abuelos resaltando el papel que juegan en la vida familiar. Con palabras de cariño y gratitud apreció la riqueza religiosa, espiritual, humana y social que pueden aportar.

Leyendo este mensaje, recordé un aleccionador video: se trataba de un diálogo entre dos hombres sentados en una banca en el jardín de una casa: uno de ellos es un anciano de poco pelo blanco que con mirada bondadosa contempla la naturaleza; el otro es un joven fuerte, bien parecido, de los que parece que dominan el mundo y lo único importante es lo suyo, está leyendo ávidamente el periódico sin interesarle el anciano a quien casi le da la espalda y que, es importante aclarar, es su padre.

En eso un pajarito se posa sobre el arbusto y el padre pregunta: “¿Qué es eso?”.

El hijo, sorprendido por haber sido interrumpido en su lectura por algo tan intrascendente, le responde displicentemente: “Es un pájaro” y vuele inmediatamente a su lectura.

Pasa poco tiempo, el pájaro se posa sobre un árbol y el hombre anciano vuelve a preguntar: “¿Qué es eso?”.

El hijo sin ocultar ahora su enfado le contesta: “Te lo acabo de decir papá, es un pájaro”, y vuelve a enfrascarse con el periódico.

Pasa otro tiempo, en eso, en una fuente un pájaro hace ruido con el agua, por lo que vuelve a preguntar dulcemente el anciano padre: “¿Qué es eso?” El hijo mostrando sumo enfado le responde a gritos: “TE HE DICHO QUE ES UN PÁJARO, PÁ-JA-RO”, quedándosele viendo muy serio.

El padre, sin embargo, le sostiene la mirada un rato y vuelve a hacer la misma pregunta: “¿Qué es eso”. El hijo ya no tiene paciencia, tira con fuerza el periódico y con aspavientos le grita: “¿POR QUÉ ME LO PREGUNTAS?, YA TE DIJE TRES VECES QUE ES UN PÁJARO. NO LO CONSIGUES ENTENDER ¿O QUÉ?”.

El padre anciano se levanta lentamente de la banca.

El hijo le grita: “¿ADÓNDE VAS?”

El padre le hace la seña con la mano que siga sentado, que se calme, mientras se dirige con paso pausado a su casa que está unos metros al lado.

El hijo se queda en la banca, ya sin leer el periódico y reflexionando su proceder grosero e impaciente con su anciano padre.

El viejo hombre regresa con un viejo cuaderno y se sienta junto a su hijo. Busca en el cuaderno de notas hasta que halla el lugar y se lo da a su hijo para que lea. Pero como empieza a leer en voz baja le dice: “En alto”.

El hijo empieza a leer: “Hoy mi hijo más pequeño con tres años y pocos días de edad estaba sentado conmigo en el parque cuando un pájaro se acercó a nosotros, mi hijo me peguntó veintiún veces… “¿Qué es eso?”, y yo le respondí las veintiún veces que era un pajarito. Yo lo abracé cada vez que me hacía la misma pregunta. Una vez tras otra, las veintiún veces, ¡¡sintiendo un gran cariño para mi muchachito!!”.

El hijo ya no puede seguir leyendo de dolor, dándose cuenta lo injusto de su proceder y con lágrimas abraza y besa a su anciano padre.

No olvidemos tantos bienes, cuidados y atenciones que debemos a nuestros educadores, especialmente y en primer lugar a nuestros padres, y directa o indirectamente, a través de los padres, los abuelos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

NAVIDAD Ó NAVIDAD LAICA?


Pensando en la fiesta próxima de la Natividad del Señor, no pude evitar recordar las tradicionales posadas que se festejaban en mi natal Tuxtla Gutiérrez y por supuesto todo lo que implicaba, religiosamente hablando, la Navidad. Recuerdo que en esos años del siglo pasado, visitar las siete casas (Iglesias), el rezo del Rosario, la Misa de Navidad, los nacimientos, las piñatas, etc., eran parte, por no decir esencia, de las fiestas que como marco central tenían la celebración del nacimiento del Niño Jesús.

Ensimismado en mis recuerdos y volviendo al presente, me preocupa ver que la Navidad en estos días, ha dejado de ser una fiesta religiosa para convertirse en una mera orgía consumista, aderezada con unas dosis de humanitarismo de pacotilla, que es manifestación farisaica muy del gusto de nuestra época. Este punto de vista nos propone un debate mucho más hondo y peliagudo, que es el debate sobre la naturaleza de la felicidad. El hombre contemporáneo persigue la felicidad como si de una formula química se tratase, algo así como un medicamento o catalizador que actúa sobre nuestro ánimo, infundiéndole una «sensación de bienestar».

Naturalmente, esta búsqueda suele saldarse con un fracaso, pues en el mejor de los casos esa sensación resultará pasajera, apenas un analgésico que distrae por unos pocos días el dolor en sordina que martiriza al hombre cuando decide amputarse, dividirse, renegar de un elemento que le es consustancial.

No hay felicidad sin una aceptación plena de lo que somos; y lo que somos incluye una dimensión religiosa, o si se prefiere trascendente, que no se puede extirpar sin un grave menoscabo de nuestra propia naturaleza.

El hombre contemporáneo, al expulsar a Dios de su horizonte vital, se ha convertido en un ser dividido y, por lo tanto, infeliz; y, como el manco que en los días que preludian tormenta siente un dolor fantasmagórico en el brazo que le ha sido arrancado, el hombre contemporáneo siente en las fechas navideñas esa amputación que ha infligido a su propia naturaleza como una carcoma o una desazón angustiosa que trata de combatir mediante paliativos euforizantes. Una vez extinguidos sus efectos, vuelve a sentir el dolor de la amputación, y otra vez vuelve a ensordecerlo con esos calmantes que, como la morfina, a la vez que lo alivian lo esclavizan y embrutecen. A veces, entre los vapores de la morfina, brota en el hombre contemporáneo la reminiscencia de una nostalgia, que confunde con alguna estampa más o menos idílica de su niñez y que, a la postre, no es sino añoranza de aquel estado originario en que aún no había renegado de su apetito de trascendencia y espiritualidad.

Los calmantes que el hombre contemporáneo ha ideado para acallar la protesta de su naturaleza son de diversa índole: desde el consumismo desmelenado y bulímico hasta ese humanitarismo falso que, despojado de su requisito primordial (la consideración del prójimo como recipiente sagrado), se queda en puro aspaviento, pasando por la torpe satisfacción de placeres primarios, puramente fisiológicos.
Cuando se habla de «Navidad laica» se está designando, en realidad, esa infelicidad que el hombre contemporáneo vive como una amputación y trata de atenuar mediante falsas vías de escape.

La Navidad, antes que nada, es la fiesta a través de la cual el hombre reconoce la presencia de Dios en la aventura humana y, por tanto, la dimensión trascendente de su propia vida. Cuando Dios nace, algo bueno y nuevo nace dentro de cada hombre, en su más ensimismada esencia. Al asumir como propio ese ingrediente divino, el hombre se siente más completo y conforme consigo mismo; y de esa conformidad brota, como una irradiación que no declina su llama, la verdadera felicidad.

Despojada de esa significación honda y primordial, la Navidad se convierte en una trágica búsqueda de sedantes y analgésicos, un vagabundaje desesperado en pos de una quimera.

El hombre contemporáneo que celebra una «Navidad laica» es, en cierto modo, como ese gallo descabezado que corretea poseído por la desazón mientras se desangra; aunque no lo sepa, es tan sólo un muerto que camina, pues ha extraviado la fuente de la que mana su felicidad.

martes, 7 de diciembre de 2010

EL CIRUJANO QUE ENCONTRÓ A JESÚS EN EL CORAZÓN DE UN NIÑO

Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió: -¿Usted encontrará a Jesús allí?

El cirujano se quedó mirándole, y continuó: -Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.

Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a interrumpir el niño. El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente.

Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto.

Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón? La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí....

¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón!

El cirujano pensó que era suficiente y le explicó:

Te diré que encontraré en tu corazón.

Encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos, y debilidad en las paredes y vasos. Y aparte me daré cuenta si te podemos ayudar o no.

¿Pero encontrará a Jesús allí también? Es su hogar, Él vive allí, siempre está conmigo.

El cirujano no toleró más los insistentes comentarios y se fue. Enseguida se sentó en su oficina y procedió a grabar sus estudios previos a la cirugía: aorta dañada, vena pulmonar deteriorada, degeneración muscular cardiaca masiva. Sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable.

Terapia: analgésicos y reposo absoluto.

Pronóstico: tomó una pausa y en tono triste dijo: muerte dentro del primer año. Entonces detuvo la grabadora. Pero, tengo algo más que decir: ¿Por qué? Pregunto en voz alta ¿Por qué hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí, tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?

De pronto, Dios, nuestro Señor le contestó:

El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, en mi rebaño sagrado, ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable para ti o para cualquiera. Sus padres un día se unirán con él, conocerán la paz y la armonía juntos, en mi reino y mi rebaño sagrado continuará creciendo.
El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero sintió aun más rencor, no entendía las razones. Y replicó:

Tú creaste a este muchacho, y también su corazón ¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses?

El Señor le respondió: Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió.

Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador.

Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo sino para que regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo.

El cirujano lloró y lloró inconsolablemente.

Días después, luego de la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño; mientras que sus padres lo hicieron frente al médico.

El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó:

-¿Abrió mi corazón?

Si -dijo el cirujano-

-¿Qué encontró? preguntó el niño

Tenías razón, encontré allí a Jesús.

Dios tiene muchas maneras y formas diferentes para que tú regreses a su lado.

Déjame contarte, asegúrate de leer todo esto hasta el final.

Yo casi borro este mensaje, pero fui bendecido cuando llegué al final.

Asunto: Leer solamente si tienes tiempo para Dios.

Dios, cuando recibí este mensaje pensé... Yo no tengo tiempo para esto... y realmente hacerlo es inadecuado en horas de trabajo. Luego, me di cuenta que el pensar así es exactamente lo que ha causado muchos de los problemas en nuestro mundo actual. Tratamos de tener a Dios en la iglesia el domingo por la mañana. A veces quizás el Domingo por la noche... y, el evento poco agraciado de algún servicio a media semana. Eso sí, nos gusta tenerlo cerca en la enfermedad... y sobretodo en los funerales. Pero, no tenemos tiempo, o lugar para ÉL en horas de trabajo o en nuestro tiempo libre... Porque.... Esa es la parte de nuestras vidas en las que pensamos: ’Podemos y debemos manejar solos’
Quiera Dios perdonarme por haber pensado que hay un tiempo o lugar donde ÉL no sea el PRIMERO en mi vida. Debemos siempre tener tiempo para recordar TODO lo que ÉL ha hecho por nosotros. Jesús dijo. ’Si tu te avergüenzas de mi, yo me avergonzaré de ti delante de mi Padre’.

Entonces me arrodillé para orar pero no por mucho tiempo, tenía mucho por hacer. Tuve que darme prisa e ir a trabajar ya que los cobros muy pronto estarían ante mi . Salté de mis rodillas y mi deber Cristiano estaba concluido.

lunes, 6 de diciembre de 2010

A MAL TIEMPO BUENA CARA

Fuera hace frío, mucho frío; se ve el aliento de las personas al respirar, mientras caminan envueltos en abrigos y bufandas y las manos en los bolsillos. Quizá las crestas de los montes estén cubiertas de nieve o de hielo, pero hay gente que tiene su corazón caliente, y no importa el frío de las calles; personas que tienen una razón para vivir, gentes felices y que saben amar, que saben convertir todas las cosas duras de la vida en algo bueno, algo positivo, tienen esperanza, confían en Dios, aman a su prójimo y se esfuerzan por mantener un clima de paz y calor en sus hogares, en su trabajo.

Pero, ¡qué duro debe ser que ahí fuera haga frío y que el corazón esté congelado, hecho hielo, también! Frío por fuera y frío por dentro; Hielo es la desesperanza, dejarse arrancar día a día los restos de confianza a los que uno se agarra para seguir viviendo. Hielo es el rencor y el odio que va pudriendo poco a poco de modo irremediable tantos corazones. ¡Qué hielo tan duro, es el miedo a la vida, al futuro, a la vejez, a la enfermedad y a la soledad!

Necesitamos que salga el sol dentro de nosotros mismos, el sol de la esperanza, del amor, del optimismo, de la paz interior; tenemos que forzarnos a nosotros mismos y, antes que nada, obligarnos a creer que el sol puede salir en nuestra vida.

El que desespera de todo, puede tener muchas razones y excusas, pero también algo de culpa porque penas, sufrimientos, apuros económicos, contratiempos, están repartidos en la vida de todos, pero ahí esta también la mente, nuestra mente, para buscar soluciones a los problemas, y unos la usan y otros no.

Ahí están nuestras manos para trabajar, y unos les dan uso y otros no, ahí está Dios que sí ayuda a los que confían, pero unos le rezan a ese Dios y otros le dan la espalda; ahí están las oportunidades que ofrece la vida, pero unos las buscan y otros se excusan diciendo que nada se puede hacer.

El sol de la esperanza puede salir y de hecho sale en la vida de todos los que se fuerzan a sí mismos a creer en Dios y en sí mismos, que se fuerzan a esperar lo mejor, a luchar por salir adelante a pesar de todo

Yo no puedo controlar el clima de afuera, pero sí el interior de mi espíritu. Los problemas lo pueden quebrantar a uno si se deja, pero pueden fortalecerlo si los enfrenta como retos magníficos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

CARTA DE NAVIDAD

Querido Niño Jesús:

"Me dicen que no se debe mentir, y cuando se me escapa una verdad se enfurecen. Ayer se molestó mucho mi papá porque dije delante de sus amigos que maltrata a mi mamá. ¿Es que no es peor hacerlo que contarlo? Él se enoja cuando yo lo cuento. Yo no puedo enojarme cuando él lo hace.

Me dicen que no está bien que me junte con "ciertos niños" y al dormir me obligan a rezarte a ti Diosito que nos enseñas que todos somos iguales y hermanos.

Mamá dice que debo parecerme a mi papá, pero mi padre dice por teléfono que está enfermo para no ir al trabajo, y se que se gasta una gran parte de su sueldo tomando con sus amigos.

Yo sé pensar, tengo mis gustos propios que son distintos de los de mis padres y a veces me dan ganas de gritar y de protestar. Por ejemplo, cuando mi papá me manda callar sólo porque él no tiene ganas de hablar o porque pienso distinto; cuando me obliga a jugar a la calle sólo porque él quiere en paz ver la televisión.

Cargan mi vida de prohibiciones, negaciones: ¡no hagas, no hagas y no hagas! Y obligaciones ¡debes, debes y debes! Para nosotros los niños sólo existe el verbo "DEBER"; nunca el "PODER".

Juegan conmigo como un muñeco cuando tienen ganas. Si yo no tengo ganas, juegan lo mismo y encima me llaman caprichoso o engreído. Ellos deciden siempre cuando jugar conmigo; pero yo no puedo elegir nunca el horario para jugar con ellos. Y cuando ellos dicen no, yo no puedo llamarles la atención, ¡porque soy un niño!

Sin embargo, Tú Cristo, naces para decir: Si no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los Cielos". Y a nosotros no nos dejan serlo. Nos obligan a tener malicia, el egoísmo y la hipocresía de los mayores; nos obligan a decir lo que no sentimos.

Diles que ser niño no es un defecto, ni un pecado, ni una limitación, ni un juguete bonito para lo mayores. Tal vez por eso en la Navidad nos compran muchos juguetes, para hacernos como ellos. Que nos den su tiempo, su comprensión, que nos respeten. Diles, en esta Navidad, que un niño es un valor único, irrepetible en la vida y, ciertamente -tú mismo lo afirmaste- un valor que no puede morir en el "hombre".

Tu amiguito.

viernes, 3 de diciembre de 2010

SI QUIERES SER BUENA MAMÁ, SE UNA MAMÁ FELIZ

Este artículo, a mi juicio, es verdaderamente impactante y revelador. He de confesar que no es de mi autoría, lo leí en una de tantas páginas que encontramos en la Web y es una reflexión de una madre de familia como tantas que conocemos; Como ustedes.

Todo inicia en una más de aquellas interminables visitas a la dentista de mi hija de seis años, en la sala de espera, rodeada de chicos y chicas aburridos esperando su turno, con revistas del año del caldo y con todo el tiempo del mundo, y para colmo, por las prisas para llegar olvidé mi libro, mi computadora, el ipod y hasta el celular; me senté y respiré profundamente, no de tan buen humor, sé que más de una me comprenderá, ya descansando del estrés para llegar a tiempo, ya saben, el tráfico del colegio a casa, comer rápidamente, cambiarse, lavarse los dientes y muy bien lavados eh no sólo una, sino dos veces porque la visita lo ameritaba:le iban a revisar los dientes a la pequeña.

Mientras tomaba aire, en esa peculiar sala de espera, me imaginé la carita de mi muñeca, la inocente casi ni habló de tan ajetreada que la traía y todo para que fuera la primera cita de la tarde y no tuviéramos que esperar. Recordarla me dio una ternura que ganas no me faltaron de ir a abrazarla. Me remordía la conciencia, reflexionando que mal momento le hice pasar al grado de alzar la voz para que se apurara, hasta le dije “Si no te apuras no te dará tiempo de comer”, “Si no te alistas no vamos a llegar”, “Si no te lavas bien los dientes la dentista te va a regañar”. Me la traje amenaza, tras amenaza, perseguida y apurada… Y así, pensando en ella, en lo alegre y vivaz, en lo tierna y hermosa que es y en lo obediente y prudente que fue ante mi estrés (Cabe aclarar que no soy histérica o neurótica, aunque tengo mi carácter y simplemente fue el momento de la prisa) me sentí culpable y concluí que puedo esforzarme para ser una mejor mamá.

Después de todo esto y agradeciendo el espacio para mi catarsis, no me quedó más que observar el lugar por enésima vez y cuál fue mi sorpresa que vi un cuadro amarillo, medio mal pintado para mi gusto, pero con un letrero que se grabó en mi mente y se tatuó en mi corazón: ¿Quieres ser una buena mamá? Sé una mamá feliz.

Suena tan sencillo, es tan cortita la fórmula. Pero más de una estará de acuerdo conmigo… ¿Feliz? ¿Qué es ser una mamá feliz? En estos tiempos que todo es exigencia, competencia, materialismo, individualismo, hedonismo.

Podríamos empezar por decir que ser una mamá feliz es ser una mamá capaz de sonreír, de valorarse y valorar a las personas que tiene a su lado, empezando por su esposo, por sus hijos; ser una mamá feliz es ser una mamá que sabe priorizar y que no se deja guiar por el qué dirán, ni por la moda del momento, que sabe disfrutar a su familia y pasar tiempo juntos, es ser una mamá capaz de encarnar el sacrificio en su vida y no enfocarlo como lo peor que puede suceder sino como parte de su tarea en la vida, aunque ello implicara renunciar a ciertas aspiraciones profesionales y económicas, ser una mamá feliz es aceptar a cada quien como es con sus defectos y virtudes sin la terrible comparación, ser una mamá feliz es ser una mamá orgullosa de serlo y de dedicarse a ello, estando segura de estar cumpliendo con su llamado a dar vida en plenitud cada día.
Ser una mamá feliz es ser una mamá que reconoce en los hijos la dignidad que tienen. Y les trata de acuerdo a esa dignidad, siendo capaz de poner límites con amor cuando es necesario y siendo capaz de corregir, ser una mamá feliz es ser una mamá sin miedo que se abandona en los brazos de Dios y que sabe rezar por sus hijos.

Ser una mamá feliz es haber descubierto en su ser la misión trascendente para la cual fue creada y asumirla con el alma para cada día traducirla en la esperanza que sus hijos necesitan para llenar su corazón sabiendo que se puede y se debe vivir en el mundo de un modo específico para alcanzar la eternidad.

Es vivir en el día a día tomando conciencia de la maravilla de ser mamá.

A veces con las obligaciones de cada día y el estrés de vivir de prisa no nos detenemos a pensar en cómo estamos tratando a nuestros hijos. ¿Estamos siendo nosotras un ejemplo de amor, de paciencia, de tolerancia, de caridad, de generosidad, en una palabra de virtud…? O al contrario, de cualquier cosa gritamos, refunfuñamos, nos desesperamos porque se nos hace tarde, o porque algún hijo derramó el agua sobre la alfombra o porque se le olvidó el suéter, o porque la tarea no sale.

Pensemos realmente como podemos educar o mal educar con nuestra actitud, con nuestro lenguaje verbal (aquellas palabras y tonos de voz) y el no verbal (aquellas miradas que nos dicen tanto… aquellos gestos…) ante cualquier suceso de la vida.

Tú como mujer eres esencialmente bella y formadora de virtudes, así que debes comportarte a la altura y asumir esta difícil pero hermosa tarea.

Las mujeres, como madres estamos llamadas a dar vida en todo momento, también en el ámbito de la educación, de la afectividad, en el modo de tratar a nuestros hijos… que hermoso que cada situación, cada incidente lo aprovechemos para formar y no para gritar… Necesitamos ser dueñas de nosotras mismas, de nuestros pensamientos de nuestras emociones y no dejarnos llevar: ni por el cansancio, ni por la falta de virtud.

¡Qué fácil es decirlo! (bueno, en este caso ¡escribirlo!) Si, así es, pero lo tarea de la vida es ésta: ser consciente de nosotros mismos para con nuestra inteligencia conocer el bien y con nuestra libertad elegir lo mejor ordenando nuestra voluntad hacia ese bien que descubrimos. Entonces, de acuerdo estamos, en que vivir de acuerdo a nuestra dignidad no es fácil, pero es nuestra misión particular y personal. Si te esfuerzas, te garantizo que tan solo con ese extraordinario ejemplo tus hijos aprenderán lo más importante en la vida y se esforzarán también por cada día ser mejores.

¡Qué enorme responsabilidad!

Ver a tu hijo o hija por primera vez, tan chiquitín, tan frágil, tan dependiente… que pareciera que se va a romper.


Pero no, no se rompe, al contrario se va fortaleciendo en el cuerpo y en el alma con los cuidados de mamá y los cuidados de papá; y todo el amor que le dan.

A veces no sabemos ni como, pero los hijos van creciendo… eso es porque tal vez no somos los más doctos, nadie nos enseña a ser padres y aunque hoy más que nunca es preciso informarse y formarse, lo que nunca falla es el amor.

Maternidad, Palabra que evoca dulzura, ternura, bondad, respeto, entrega, espera, milagro… Es un estado que debe permanecer a lo largo de la vida de toda madre, no solo los nueve meses en los que la nueva persona inicia su vida desde la concepción hasta que está completamente formado y preparado para vivir fuera del vientre de mamá.

La maternidad una vez entendida por la mujer se extiende y amplía al modo de ser mujer, es decir, a llevar vida a cada rincón de la tierra. Mujer no dejes de ser mujer y busca dentro de tu alma el secreto de la maternidad que te desvelará el secreto de la vida, el sentido de la existencia misma y te llevará a decidir entregar tu vida a favor de la humanidad, desde tu casa, tu lugar de trabajo, tu comunidad, la sociedad, el mundo entero.

Nuestras hijas y nuestros hijos merecen una mamá feliz. Si, así de simple; solo piénsalo. No es que por voluntad nos fijemos esa meta y punto. Es realmente descubrir la esencia de ser mujer. La vida solo se vive una vez y la historia de cada uno de nosotros inicia en el corazón y en el seno de una mujer.

Afortunados quienes tenemos la seguridad de una madre que nos ama, que nos amó desde el principio y nos amará por toda la eternidad.

Retomando aquello de que los hijos no traen instructivo, quisiera terminar este artículo dando gracias a Dios por la Madre que nos ha dado a todos, tenemos en ella el ejemplo de lo que la mujer está llamada a ser. Conozcamos Su Vida, la entrega amorosa a su Hijo Amado y pidamos parecernos cada día más a ella en virtud y en la búsqueda constante por hacer vida aquellas palabras: Hágase en mí según Tu Voluntad.

 

jueves, 2 de diciembre de 2010

¡ NO DESPIERTEN A MI PAPÁ !

Una niñita se encontraba al costado de una multitud, mientras su papá testificaba acerca de cómo Jesucristo había influenciado en él. Explicaba cómo el Señor lo había salvado y rescatado de su anterior estilo de vida como alcohólico.

Entre los presentes había un desvergonzado que no podía soportar más oír esas tonterías religiosas. Entonces comenzó a gritar: - ¿Por qué no se calla y se sienta anciano? Usted está soñando.

Pronto, este escéptico sintió un tirón en la manga de su saco. Miró hacia abajo y vio una pequeña niña. Ella lo miró directo a los ojos y le dijo: - Señor ese es mi papá. ¿Usted dice que mi papá es un soñador?. Déjeme contarle acerca de él.

Mi papá era un borracho y cuando regresaba a casa de noche le pegaba a mi madre. Ella lloraba durante toda la noche... y señor, no teníamos buena ropa porque mi papá gastaba todo el dinero en bebida.

Yo ni siquiera tenía zapatos para ir al colegio. Pero mire estos zapatos y mire este vestido. Ahora mi papá tiene un buen trabajo.

Luego señalando al otro lado del camino, dijo: - ¿Ve usted a esa señora sonriendo? Esa es mi mamá. Ella ya no llora más por las noches. Ahora canta.

Luego vino el golpe de gracia. La niña dijo: - Jesús ha cambiado a mi papá. Jesús ha cambiado nuestro hogar. Mire señor, si mi papá está soñando, por favor ¡no lo despierte!

martes, 30 de noviembre de 2010

EL SILENCIO DE DIOS


Cuenta una antigua leyenda, acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro. Un día, el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor. Lo impulsaba un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo: - Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.

Y se quedó fijo con la mirada puesta en la cruz, como esperando la respuesta. El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

-Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.

-         ¿Cuál, Señor?, - preguntó con acento suplicante Haakon-.
-        
-         ¿Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, - respondió el viejo ermitaño-.
-        
-         Escucha: suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de quedarte en silencio siempre.
-        
-         Haakon contestó:
-        
-         ¡Te lo prometo, Señor! Y se efectuó el cambio.
-        
-         Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado de los clavos en la cruz. El Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso. A nadie dijo nada.
-        
-         Pero un día, llegó un rico. Después de haber orado, dejo allí olvidada su cartera. Haakon lo vio y calló.
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-         No dijo nada cuando un pobre, que vino dos horas después, se apropió de la cartera del rico. Tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él, poco después, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.
-        
-         Pero en ese momento volvió a entrar el rico en busca de la bolsa.
-        
-         Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo: - ¡Dame la bolsa que me has robado!
-        
-         El joven sorprendido, replicó:
-        
-         ¡No he robado ninguna bolsa!
-        
-         ¡No mientas, devuélvemela enseguida!
-         ¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!
-         afirmó el muchacho -.
-        
-         El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte que dijo: ¡Detente! El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, gritó, defendió al joven, e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la ermita. El joven también salió porque tenía prisa para emprender su viaje.
-        
-         Cuando la ermita quedó a solas, Cristo se dirigió a su siervo y le dijo:
-        
-         Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.
-        
-         Señor, -dijo Haakon- , ¿Cómo iba a permitir esa injusticia?
-        
-         Se cambiaron los oficios. Jesús ocupó la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz. El Señor, siguió hablando: Tú no sabias que al rico le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El pobre, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo. En cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tu no sabías nada. Yo sí sé. Por eso callo. Y el señor nuevamente guardó silencio.
-        
-         Muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué razón Dios no nos contesta?, ¿Por qué razón se queda callado? Muchos de nosotros quisiéramos que Él nos respondiera lo que deseamos oír. Pero, Dios no es así. Dios nos responde aún con el silencio. Debemos aprender a escucharlo.
-        
-         Su divino silencio, son palabras destinadas a convencernos de que Él sabe lo que está haciendo. En su silencio Él nos dice con amor: - ¡Confiad en Mí, que Yo sé muy bien lo que debo hacer!

EL PAPA Y EL CONDÓN



Suena muy bien la frase que dice que la jerarquía eclesiástica (el Papa y los Obispos, por ejemplo) no deben inmiscuirse en asuntos terrenales, porque eso sería tanto como «meterse en política».

Pero hay que decir que uno de los peores modos de «meterse en política» sería que la Iglesia bendijese, por acción, omisión o complacencia, la intromisión del César en los asuntos que son de Dios, creador del hombre a quien le dio un detallado y maravilloso instructivo de funcionamiento para lograr su felicidad en la tierra, condición necesaria para alcanzar la eterna.

El día en que la Iglesia permitiera, sin más, la intromisión del César en los asuntos que son de Dios se habría convertido en esa «gran ramera que fornica con los reyes de la tierra» de la que nos habla el Apocalipsis. Esa iglesia farisaica y corrompida, puesta de rodillas ante el César, es la que anhelan ciertos ámbitos sectarios a los que muchos medios de comunicación conceden amplios espacios, deformando ordinariamente el pensamiento de aquellos que consideran sus opositores.

Somos muchos millones las personas que aplaudimos el coraje y la claridad de ideas del Papa Benedicto XVI.

¿Qué ha dicho el Papa en relación al condón? Todas las veces que se ha referido al preservativo lo ha hecho dentro de un contexto, insistiendo que hay que buscar una «humanización de la sexualidad», es decir, que la sexualidad entre personas debe ser una sexualidad humana que difiere en mucho de la meramente animal y que sería un error, contrario al querer de Dios, equiparar una a la otra.

En los últimos días muchos medios alrededor del mundo hicieron sonar las fanfarrias de sus grandes titulares anunciando con bombo y platillo, con palabras más o menos semejantes, que el Papa había aprobado el uso del condón. Pero, exactamente, ¿qué dijo el Papa?

El periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano, presentó algunos párrafos, descontextualizados, del nuevo “libro-entrevista” de Benedicto XVI titulado “La luz del mundo” realizado por el periodista alemán Peter Seewald, que fue publicado en varias lenguas el pasado 23 de noviembre. El párrafo que desató el ruido y la confusión es parte de la respuesta que dio el Santo Padre a Seewald, ante la pregunta acerca del uso del preservativo en la lucha contra el sida. El párrafo publicado por L’Osservatore Romano, en su versión en español, dice así:

«Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad.»
En el texto original, en alemán, el Papa habla de «männliche Prostituierte» que significa “prostituto” (no prostituta) y vale puntualizar que el Santo Padre está hablando del preservativo como posible herramienta contra el sida y no del preservativo como medio de anticoncepción.

Bien se dice que traduttore, traditore pues el término «männliche Prostituierte» conserva el género masculino en la traducción que hace L’Osservatore al inglés, en donde se habla de «male prostitute», pero se cambia de manera arbitraria al femenino en las traducciones al español, italiano y francés. Sería interesante averiguar si hay malos traductores en ese periódico o si hay personas perversas que aprovecharon el viaje para ampliar conceptos y situaciones con ánimo de confundir aún más.

Lo que dice el Papa, si tomamos sus palabras originales en alemán, es simple y sencillamente que si un prostituto homosexual utiliza un condón, con el objetivo de no contagiar ni contagiarse de sida, esto podría ser señal de un inicio de moralización, puesto que se está dando cuenta, gracias a su conciencia, de que no puede hacer con su sexualidad lo que le venga en gana. El Papa no está justificando ni aprobando el uso del condón. Deja muy claro, además, que el preservativo no es la solución para frenar la trasmisión del VIH que se ha convertido en una pandemia.

Cuando un católico mira a un enfermo de sida lo ve, en expresión evangélica, como uno de esos «pequeños» sobre los que un seguidor de Jesús tiene la dulce obligación de quererlo, fundiéndose con su dolor. El neopaganismo reinante, en cambio, solo es capaz de ver en el sidoso una «tormenta de hormonas», y lo único que se le ocurre es regalarle un impermeable para que la tormenta no lo empape. Que es tanto como si a un pirómano se le obsequia un extintor, para que el fuego no lo abrase.

El sida tiene su origen, en muchos casos, en la promiscuidad sexual; y los santones laicos en lugar de combatir la promiscuidad sexual, la exaltan y aplauden, exhortando a sus súbditos a entregarse a ella sin recato y regalándoles luego un condón, para que actúe como salvoconducto de su promiscuidad. Si se promueve la promiscuidad, no puede extrañarnos que abunden personas promiscuas, aunque se hayan olvidado de meter un condón en el bolsillo, como el pirómano no puede renunciar a su pulsión aunque se haya dejado olvidado en casa el extintor.

Parece claro que hay amplios sectores de la sociedad que no están dispuestos a solucionar los males en su origen y se fijan solo en las consecuencias; consecuencias que, además, son incapaces de controlar. Ir al origen del grave problema del sida, por ejemplo, no se soluciona repartiendo condones a diestra y siniestra. Independientemente de que los condones garanticen o no un «sexo seguro», lo que es indubitable es que garantizan un sexo deshumanizado.

La actividad sexual es una unión física y afectiva tan radical pues supone la entrega de una buena parte de la intimidad, que sólo puede responder a una entrega total, sin reservas. Sólo esa unión es digna para ser sellada con una acción, que es en sí misma, y es la única, apta para generar una nueva vida. Buscar la manera de hacer imposible esa aptitud introduce una reserva que convierte el acto en una entrega que ya no es total, y que objetivamente abre la puerta para que el sexo no sea verdaderamente humano sino instintivo.

La verdad simple y llana es que la Iglesia católica proclama el querer de Dios para que las relaciones sexuales sean verdaderamente humanas, es decir con entrega total y estable, que solo son posibles con estas características en el verdadero matrimonio. La Iglesia denuncia abiertamente la falacia de quienes piensan que el uso del condón, da carta de bondad a la sexualidad, aún cuando argumenten, con otra falacia, que se trata de «sexo seguro».

Benedicto XVI cree en la «humanización de la sexualidad», que consiste en liberar al hombre de la esclavitud del sexo como mero instinto animal o el sexo como promiscuidad. Cree que la sexualidad debe contribuir a restituir al hombre su verdadera naturaleza, que no consiste en chapotear en una «tormenta de hormonas», aunque sea con impermeable, sino en buscar un sentido vital profundo en el que eros y ágape -amor carnal y amor como donación de afectos- formen una unidad liberadora del ser humano.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LO MARAVILLOSO DEL MATRIMONIO

Hace algunos meses, pensando sobre el tema del día y que había dado la vuelta al país entero “La Asamblea Legislativa del Distrito Federal había aprobado, por mayoría de votos, el matrimonio entre personas del mismo sexo”, fue inevitable reflexionar acerca del matrimonio y cuestionar si dicha aprobación era atinada. En este ejercicio mental, descubrí, como todo apasionado de la democracia que soy, que en el marco de la democracia actual, ese poderosísimo invento del hombre moderno que le permite diseñar a la medida de sus ideas todo aquello que quiera, ¡Es realmente sorprendente el poder que tiene esa famosa mayoría de votos!, de tal manera que se me ocurrió escribir una carta a la Asamblea pidiéndoles que incluyan en su agenda legislativa algunas de mis ideas. Estaba seguro que sabrían apreciar su utilidad pública:
a) Quiero que la Asamblea resuelva que la noche dure más tiempo, así el horario escolar será más breve. Esto dejará más que satisfechos a nuestros maestros.
b) También quiero que la luna sólo salga en octubre, de esta manera siempre tendremos la luna más hermosa.
c) Que mi perro deje de ser carnívoro.
d) Sería extraordinario también que las cosas no se cayeran más al suelo por efecto de esa nefasta ley de la gravedad que debiera ser invalidada por la Asamblea.

¡Es grandioso que la democracia no tenga límites!

Esta anécdota refleja, en forma tal vez ingeniosa, una de las más significativas paradojas de nuestro tiempo. A ningún hombre sensato se le ocurriría pensar que la naturaleza de las cosas o animales pudiera resolverse por mayoría de votos. Sería posible, acaso, imaginar a un grupo de científicos definiendo mediante votaciones ¿qué es el ADN?, o determinando en las urnas si las ballenas son o no mamíferos, o ¿ver a un parlamento dividido entre quienes apoyan y quienes se oponen a la ley de la gravedad?  ¿Esto, es acaso posible?

¿Por qué razón no somos capaces de hacer esto con las leyes que rigen las cosas que nos rodean, y en cambio sí con las que rigen las realidades humanas que nos acompañan? ¿Acaso nosotros los hombres no somos una realidad natural? ¿O es que únicamente las mariposas, los bosques y las ballenas son naturales?, ¿son la naturaleza? ¿Y nosotros, qué somos?

Hablar del matrimonio es hablar de una realidad natural, ciertamente de una maravilla natural, de la piedra angular de nuestro ecosistema. El hombre es una realidad natural, no cabe la menor duda. Es difícil pensar que no lo somos. Como toda realidad natural el hombre tiene un ecosistema y en él, condiciones básicas de equilibrio ecológico que determinan su desarrollo sustentable.

Para efectos de este ensayo, me atrevería a definir el matrimonio como una maravilla ecológica, que el amor humano ha hecho posible, y que constituye la piedra angular del ecosistema del hombre, a quien sirve estratégicamente. Adicionalmente, y sin afectar sus características naturales, su ideal es ser el elemento material de comunicación-participación con el Principio.
Desarrollemos esta definición. He aquí las cinco maravillas del matrimonio:

1.- Matrimonio: Una maravilla ecológica.-Decir que el matrimonio es una maravilla ecológica es reconocer que no es producto de la inventiva humana, sino una realidad natural que acompaña al hombre desde el principio.

Que el matrimonio sea de origen natural es de la más evidente experiencia, sin embargo este aspecto, por razones inexplicables ha sido objeto de un oscurecimiento cada día mayor. Suponer que el matrimonio no sea de origen natural es considerarlo un invento del hombre, es decir, que durante mucho tiempo no existió y que un día alguna mente iluminada descubrió que la diferencia y complementación entre la virilidad y la feminidad podrían, al unirse, dar lugar a un invento, además fundador de un grupo nuclear de personas vinculadas. A este invento se le habría llamado matrimonio y al grupo fundado por éste, familia.

Por otra parte, considerar al matrimonio y a la familia de origen matrimonial como un invento del hombre (producto sólo cultural) sería suponer también que por no haber existido siempre podría no existir en el futuro sin mayores repercusiones, situación que es propia de las realidades no naturales o culturales. Así como el hombre pudo vivir años sin el cine, podría vivir sin él en el futuro. Pensar así respecto del matrimonio es colocarse fuera del más básico realismo.

Esto no significa que la cultura no influya en la naturaleza. ¿Quién podría dudar de la influencia cultural sobre la naturaleza de nuestros ríos, bosques y mares? Es evidente que la naturaleza, por estar en la historia sufre las influencias de los altibajos culturales, pero una cosa es aceptar esta lógica influencia y otra definir a las realidades naturales como culturales. Que la cultura ha influido y seguirá influyendo en el matrimonio es indudable, pero esto sólo autoriza a buscar mejores y más humanos modelos culturales que hagan posible la realización de lo que debe y puede ser el verdadero matrimonio. Así, por ejemplo, que en una época la cultura del llamado “machismo” haya informado al matrimonio no autoriza a considerar a este elemento como connatural al matrimonio, como si fuera una propiedad suya. Por el contrario, son estos elementos culturales los que deben evolucionar para dejar ser al matrimonio su “ideal”, es decir, lo que puede y debe ser verdaderamente.

Creo que no es difícil entender que el matrimonio es de origen natural. ¿Pero qué significa esto?

Decir que el matrimonio es una realidad natural es verlo como lo que es. Una unión típica entre varón y mujer con determinadas características, unión a la que le pusimos el nombre de “matrimonio”, algo que nosotros no inventamos, algo que recibimos ya hecho, que existe antes que cualquier legislador, que cualquier religión, antes que el cristianismo y que el judaísmo, antes, en fin que su nombre mismo. Igual que otras miles de realidades naturales que el hombre puede conocer, estudiar y aprender. Al igual que las ballenas, el matrimonio ahí está, y el hombre puede estudiarlo y conocerlo, o incluso ignorarlo, pero no por eso deja de estar y de ser el que él es.

Si el matrimonio es una realidad natural ha de tener, como todas las realidades naturales, elementos y características que lo definen, es decir, aquellas en virtud de las cuales es el que es y no otra cosa. Del mismo modo como una ballena (o el ADN) se define por sus características propias que permiten distinguir a ese animal de todos los demás, el matrimonio posee características propias que lo distinguen de toda otra forma posible de relación interpersonal. Siendo estas características algo suyo y que sólo a él pertenecen, pues al igual que a la ballena, lo definen del resto de seres de la naturaleza, aún de aquellos que nos puedan parecer muy semejantes. Al igual que las ballenas, el matrimonio es una realidad que hay que pensarla como es, y no caer en el infantilismo de creer que ha de ser como lo pensamos.
De esta manera la primera gran maravilla del matrimonio es la de ser, él mismo, una realidad natural, una verdadera perla ecológica.

2.- El matrimonio: Una maravilla que el amor humano ha hecho posible.-

No se puede entender la realidad del matrimonio sin entender la realidad del amor humano. Amor y matrimonio no son lo mismo, pero en su existencia mantienen una relación de necesidad-recíproca (amor-matrimonio), toda vez que, como veremos, el matrimonio es un momento cumbre del proceso ecológico-amoroso. El amor, es pues, causa ecológica del matrimonio.

¿Qué es el amor? Mil veces nos han dicho que el amor perfecciona al hombre, que es la felicidad misma, que el hombre fue hecho para el amor y que sólo en el amor puede realizarse verdaderamente. ¿Pero hemos entendido realmente el amor?

El amor, en pocas palabras, lo podemos definir como la “Entrega de la persona”. El hombre se entrega siempre, y esa entrega se llama “amor”, por eso se dice que amar es entregarse y que el hombre fue hecho para el amor.

Decir que hemos sido hechos para el amor es decir que hemos sido hechos para la entrega y es decir también que el amor es connatural al hombre, que no podemos vivir sin amar.

Si nos detenemos a observar un poco la realidad, comprobaremos como el hombre vive amando (entregándose) siempre y todo el tiempo. Vemos con claridad cómo todos los hombres aman, se entregan; unos a la virtud y otros al vicio, unos a lo que enaltece y perfecciona, y otros por desgracia a lo que envilece y degrada, pero todos aman, se entregan, porque el hombre fue hecho para el amor.

De este modo se deduce que hay dos claves para entender el amor humano: la primera consiste en descubrir que hay amores verdaderos, virtuosos y buenos, pero también existen amores falsos y viciosos, que lejos de ser un bien son la esclavitud y la degradación del hombre. La segunda, en saber que el hombre no tiene un solo amor, sino que su vida se realiza mediante diversas secuencias amorosas y mediante diversos objetos amados. Cada tipo de amor se distingue por poseer características propias. Así, no es lo mismo el amor de amistad que el amor conyugal, tampoco son lo mismo el amor a la patria que el amor al trabajo o laboriosidad. Cada amor del hombre se distingue por su finalidad, la cual constituyendo su esencia o naturaleza, es su máxima ordenación de sentido y proporción.

Cuando hablamos de matrimonio, hablamos de un tipo de amor humano, cuya principal característica es el carácter “conyugal” de su objeto, es decir, las dimensiones sexuales dinámicas, complementarias y conyugales del hombre y la mujer. El matrimonio involucra todo y únicamente lo conyugable de la persona.

Algunos autores hablan de un sentido esponsal del cuerpo, pero más bien la dimensión esponsal es de todo verdadero amor humano.
¿Por qué el amor verdadero tiene una dimensión esponsal? Porque al igual que en el matrimonio todo amor verdadero implica, según su modo propio, la entrega de toda la persona.
Pero ¿Qué es entregar toda la persona?, o más bien ¿es posible entregarse a medias, es decir, no toda la persona?

Hablar de la persona es referirnos al protagonista del amor. Quien no entiende a la persona se incapacita para entender el amor, pues siendo éste la “entrega de la persona” se impone saber quién es ese ser que llamamos persona.

Nos han dicho muchas veces que el hombre es un ser racional, un espíritu encarnado, que además del cuerpo tiene elementos superiores como la inteligencia y la voluntad. ¿Pero hemos entendido la profundidad de todo esto?

Una clave para entender a la persona se resume en saber: Si ¿Este cuerpo es mío? O ¿Este cuerpo soy yo? De la forma como respondamos esta pregunta habremos tomado una opción antropológica que determinará consecuencialmente la manera de entender el amor y consecuentemente el matrimonio.
Decir que el cuerpo es mío, es considerar que mi cuerpo no soy yo, que yo soy algo distinto y superior. Es una forma de dualismo antropológico. Como yo no soy mi cuerpo, y él es algo mío, lo que hago con él no lo hago conmigo, pues yo no soy él, más bien él es mío, como lo son tantas cosas que tengo como mías y las uso según mi utilidad.

Esta visión dualista es desde luego falsa, por ser contraria a la realidad. El hombre no existe dividido y sólo académicamente puede distinguirse en el hombre elementos materiales de elementos espirituales. En el terreno de la realidad solo existen personas, naturalezas humanas existentes en absoluta unidad. El hombre es un ser complejo pero existe en unidad (cuerpo-espíritu), no puede existir en este mundo de otro modo.

La antropología monista entiende que en la realidad sólo existen personas (naturalezas corpóreo-espirituales particularmente existentes). Que por esta razón el cuerpo no es algo mío, sino que el cuerpo soy yo mismo. Por lo tanto el dominio sobre todo yo y la entrega de todo yo condicionan el amor verdadero, pues es intrínsecamente falsa una entrega parcial de mí, pues existo en unidad indisoluble. Del mismo modo, resulta imposible una entrega, que supone un acto de dominio personal, si no soy dueño libre de mí mismo, si no me conduzco con “animus domini”. Por esta razón he dicho en líneas anteriores que el amor verdadero tiene una dimensión esponsal, es decir, implica, según su modo propio, la entrega de toda la persona (cuerpo-espíritu).

Una antropología dualista es equivocada por falsa, por irreal, y por implicar una fractura antropológica implica una necesaria no realización personal. Cómo diría el maestro Pedro-Juan Viladrich: ¿Es posible a caso vivir sin unidad de vida?

Ahora bien, considerando que el ser hombre es esta realidad natural compleja (cuerpo-espíritu), es preciso observar en su naturaleza dos dimensiones, una estática y otra dinámica: La estática es la existencia del yo, es decir, la realidad que responde a estas dos preguntas: ¿Quién soy yo? Y ¿desde cuándo y hasta cuándo yo soy?, y la dinámica que está constituida por la realidad natural de estar el hombre inmerso en el espacio y el tiempo. Es decir, ese yo que soy está en la historia. Esta doble consideración nos lleva a la conclusión de que no es confundible el ser y la historia del ser, pues es el ser mismo el que está en la historia, tiene su historia. Decir persona es decir naturaleza humana particularmente existente en el devenir de su historia y de la historia.

El motivo de esta distinción es que en el amor intervienen sin confundirse estas dos dimensiones de la persona; la entrega que el amor supone impacta al ser y a la historia del ser, aunque de modo distinto. Si el hombre no fuera un ser espacio-temporal bastaría la entrega para que ésta pudiera considerarse absolutamente realizada (me refiero a todo aquello que puede y debe ser), pero por ser el hombre un ser sometido al espacio y al tiempo sólo en la historia puede desplegar lo que la entrega es, sólo en el espacio y tiempo podrá la entrega ser lo que debe y puede ser. Por eso, la dimensión histórica de los seres constituye su espacio para ser. Así, un niño no se confunde con su historia, una cosa es el ser del niño y otra su historia, su proyección existencial.

Ahora bien; ¿Por qué decimos que el amor hace posible al matrimonio? Nos colocamos ya en un tipo particular de amor que es aquel al que el matrimonio refiere.

Hablar de amor, refiriéndonos al matrimonio, es hablar de un tipo particular de amor humano de dimensión sexual que conforme con la naturaleza se da entre un varón y una mujer.

Hablar de varón y de mujer es hablar de dos modos de existir de la misma naturaleza humana, que se nos presenta en la propia naturaleza bajo dos modos distintos y complementarios de ser de esa misma e igual naturaleza humana.

El conjunto de aspectos masculinos constituyen la virilidad (presente en toda la naturaleza masculina) y los aspectos femeninos constituyen la feminidad (presente en toda naturaleza femenina). Decir que ambos modos de ser son complementarios es reconocer que por su propia naturaleza al unirse dan lugar a un ser distinto que como veremos es el matrimonio. Es importante destacar que complementarse no significa completarse, es decir, varón y mujer son personas completas, nada les falta, sin embargo por razón de sus fines naturales son complementarios. Así como un coche es resultado de un conjunto de elementos que se complementan, sin que podamos decir que a la llanta le falte algo para ser llanta y al carburador algo para ser lo que es. Del mismo modo la masculinidad y la feminidad, que nada les falta para ser completas, se complementan para dar lugar al ser mismo del matrimonio. Es decir, el matrimonio es el ser resultante de esa complementación una vez hecha.
El amor, éste que se da entre un varón y una mujer, hace posible el matrimonio porque el matrimonio mismo constituye un particular momento cumbre del proceso amoroso. El matrimonio implica y supone el amor, no se confunde con él pero lo supone y contiene necesariamente. El matrimonio es pues, hijo legítimo del amor. Por otro lado, y en sentido inverso, podemos decir que el matrimonio hace posible el amor verdadero entre un hombre y una mujer. Es decir, la relación entre amor y matrimonio es en dos vías: una partiendo del amor se dirige al matrimonio y lo hace posible, y la otra partiendo del matrimonio hace posible la plenitud y verdad del amor entre un hombre y una mujer. Sin el amor el matrimonio sería imposible, pues es causa suya, y a la inversa, sin matrimonio el amor verdadero entre hombre y mujer jamás se realizaría. Lo que quiero decir es que no podemos desvincular el matrimonio del amor, sin causar una fuerte ruptura entre el matrimonio y la realidad antropológica que lo fundamenta. Quiero decir que no es posible ver las cosas al modo siguiente: Una cosa es amarte y otra casarte, o bien; es posible casarte sin amarte o amarte sin casarte. Todas estas afirmaciones reflejan una irreal y falsa ruptura entre matrimonio y su fundamento de realidad antropológica. El matrimonio no es algo distinto de su realidad humana, por el contrario, el matrimonio es una realidad surgida dentro de un proceso natural, llamado: ecosistema amoroso. Matrimonio es, el nombre de una realidad antropológica.

Si observamos el proceso natural amoroso descubriremos como ese amor entre un hombre y una mujer se inclina él sólo a convertirse en amor entre un esposo y una esposa, es decir, se deja de ser amante y se pasa a ser esposo-esposa. El amor está en el proceso, en la génesis y origen del matrimonio, y el matrimonio está implicado en el amor verdadero como dirección o sentido. El matrimonio es pues un ser surgido del amor en virtud de un acto conjunto de voluntad llamado consentimiento. Amarse conyugalmente es querer el matrimonio como cúspide de ese amor, no como una forma más de unión, sino como aquella que es connatural al amor, aquella a la que el propio amor se dirige por su propio impulso, por su propia dinamicidad operativa.

El amor entre un hombre y una mujer, por ser una realidad natural y humana que configura a la persona, participa de las dimensiones estática y dinámica de que hablamos anteriormente. Es decir, el proceso amoroso, por su propia inclinación quiere y pide la unión estable que el matrimonio es, así el matrimonio es una unidad en las naturalezas (masculina y femenina), éste es su ser, pero por participar de la dimensión dinámica (espacio y tiempo) tiene a su vez una proyección histórica, que condiciona su realización existencial al espacio y al tiempo, como su espacio propio para ser, para realizar lo que debe y puede ser.

Así, es posible distinguir y no confundir el ser del matrimonio con su dimensión histórica, la vida matrimonial. El matrimonio es el ser que viene a la existencia por la entrega libre de los amantes y que constituye aquello que podemos llamar “lo nuestro” y la vida matrimonial es la historia de ese ser en el tiempo.

De esta manera, la segunda gran maravilla del matrimonio es la de hacer posible el verdadero amor entre un varón y una mujer, al tiempo que ese amor hace posible al matrimonio mismo.

3.- El Matrimonio. Una maravilla que constituye la piedra angular del ecosistema del hombre.-

Hablar de un ecosistema es hablar de equilibrio ecológico, es decir, de ciertas condiciones que determinan la permanencia y desarrollo sustentable de una realidad natural, en este caso, del hombre mismo.

Hablar de permanencia y desarrollo sustentable, refiriéndonos al ser mismo del hombre, es considerarlo bajo los aspectos de perfección natural con que se le encuentra en términos de naturaleza.

Por ser el hombre el ser natural más complejo, su ecosistema posee las mismas características de complejidad ontológica. No obstante el grado de complejidad, el ecosistema humano es asequible a cualquier inteligencia mínimamente observadora de la realidad.

Si estudiamos el proceso amoroso que muchos hemos experimentado sin que nadie nos haya enseñado (lo que demuestra su origen natural) descubriremos en el mismo proceso una serie de elementos que paso a paso van configurando esa realidad a la que después los hombres llamamos matrimonio.

El sistema (ecosistema) arranca en la persona misma, producto de este ecosistema, como un ser con unidad de vida (cuerpo-espíritu) que sabe y experimenta esta unidad bajo la afirmación de ser él mismo su cuerpo, pues sólo en él vive y se manifiesta, sin otro posible modo de ser. Este hombre posee madurez y suficiente discreción de juicio respecto a su propio ser y a su ecosistema. Esta capacidad es natural a toda persona salvo casos excepcionales.

El proceso amoroso arranca en un encuentro datable, en el que por la propia inclinación natural existe una atracción recíproca física, psíquica y afectiva. Se quiere penetrar en el otro, conocerlo a profundidad, compartir el tiempo, las experiencias y la vida misma. Se va gestando “lo nuestro”, aquello que nos pasa, que sentimos y experimentamos juntos, nos angustia estar lejos del otro.

Con el tiempo y el acoplamiento (que puede también no darse) la relación incrementa su intensidad, sus características adquieren notas más exigentes; queremos que lo nuestro no pase, no se acabe (inclinación natural a una unión estable y duradera), nos queremos exclusivamente, es decir, sin intervenciones ajenas de terceros. Te quiero sólo para mí, siento celos y me molesta que te fijes en otro (inclinación natural a la exclusividad, uno con una, así como a la fidelidad), no resisto la idea de perderte, no me imagino sin ti (inclinación a una unión que no se acabe). Junto a tí el mundo es poca cosa, todo lo puedo, todo lo logro, todo esfuerzo vale la pena (inclinación natural a una entrega total por un objeto valioso que eres tú), juntos nadie nos vence, nos comemos y reinventamos el mundo, queremos dar fruto, pero un fruto de los dos (inclinación a una gran creatividad de nuestra unión, a que lo nuestro trascienda. Esto se manifestará en seres personales, los hijos).

Este proceso en su propia dinámica natural alcanza un punto definitivo y decisorio, el paso definitivo. Que eso que queremos ser “sea”, es una entrega que implica deuda, es convertir eso que queremos ser, en un ser ya realizado y verdadero, es pasar de un querer ser a “ser” realmente. Es como la diferencia entre querer un hijo y concebirlo, el querer al hijo no hace al hijo. El hijo es producto de la generación y desde entonces él es.

De la misma manera el proceso amoroso producto de la naturaleza implica la gestación (como querencias) de lo que posteriormente es el matrimonio, que en definitiva es un ser producto de este amor.

Pero decidir pasar de ser amantes a ser esposos es un acto cualificado de la voluntad, es decir, no es una decisión cualquiera, sin importancia, pues constituye una conformación y no una función del ser. No es una función que siendo realizada por una persona se pueda dejar de realizar después como si fuese un empleo. Se trata de una conformación del ser, se es esposo o esposa, y por lo tanto se vive, se piensa y se actúa como lo que se es. Es como ser hijo de ese padre, o madre de ese hijo, no es función sino conformación del ser.

El momento decisivo comporta un acto de dilección, de elección sobre lo que yo seré, un acto de entrega y aceptación de tu naturaleza para unirla con la mía en todo aquello que siendo complementario es susceptible de ser unido. Seguiremos siendo dos, pero lo nuestro es aquello en lo que somos uno, nos compartimos el dominio sobre nosotros mismos formando un “uno” que tendrá su propia historia; “la historia de lo nuestro”. Todo aquello que sentíamos como inclinación natural se consolida, se asume, se convierte en algo tuyo y mío, en algo que yo te debo a ti y tu a mí, por habérnoslo entregado y aceptado. Así, amarnos, respetarnos, ser fieles, mantenernos unidos, asumir la creatividad de nuestro amor en la disposición a la trascendencia de lo nuestro mediante los hijos, a recibir a éstos en el hogar de lo nuestro y a educarlos, hacer comunidad de vida, de ayuda etc. Es lo nuestro, lo entregado y lo asumido, lo justo y debido entre nosotros.

Visto así el matrimonio, mi cónyuge no es la persona con la que vivo, sino la persona con la que soy. Yo resulto vivido en ella y ella vivida en mí. Por eso, hablando en sentido estricto, en el matrimonio los cónyuges no se entregan todos los días, sino que más bien, todos los días cumplen una entrega ya hecha.

Como podemos ver el matrimonio es el producto necesario y normal del ecosistema amoroso, lo anormal sería que el proceso no fuese así.

La consolidación que las inclinaciones naturales sufren al nacer el matrimonio obedece, entre otras razones, a exigencias naturales propias de la vida del matrimonio, fundamentalmente la necesaria estabilidad y permanencia que exigen el advenimiento de los hijos y su educación en el seno de esta comunidad de amor, proceso que no es corto ni fácil. Podemos descubrir aquí la gran trascendencia que para el futuro emocional de los hijos tiene esta consolidación que en el matrimonio tienen las inclinaciones naturales amorosas, y fundamentalmente la importancia estratégica de que el vínculo de los padres sea precisamente conyugal: Saberse hijo de matrimonio, de una unión comprometida surgida del amor y no de una unión transeúnte o golondrina, saber que la causa eficiente de mi existencia es un acto plenamente humano (corpóreo-espiritual), que es la expresión material de la unión que es el matrimonio, saberse deseado y amado, recibido en el hogar con alegría, esto marca indeleblemente el futuro emocional de los hijos.

Con justa razón, señala el maestro Viladrich que el proceso que arranca con el amor varón-mujer, dirigido al Matrimonio, ordenado a la fecundidad, Concepción, Recepción del concebido y educación monista, y que termina en la entrega a la comunidad de un hijo bien formado, es seguramente, el plan Divino que se quiere expresar en el Génesis al señalar: “Que lo que Dios unió no lo separe el hombre”. Este es, pues, el hermoso ecosistema que la naturaleza ha confiado a la libertad de los hombres.

De esta manera podemos afirmar que el matrimonio es la maravillosa piedra angular del ecosistema humano. Es la realidad natural básica de su equilibrio ecológico, determinante para el desarrollo sustentable del hombre.

4.- Matrimonio. Una maravilla del ecosistema humano, a quien sirve estratégicamente.

El matrimonio, y la familia fundada en el matrimonio, prestan al ecosistema humano una serie de servicios estratégicos de inigualable valor, además, dichos servicios estratégicos son prestados por la familia matrimonial de tal manera que no existe en la sociedad quien pueda reemplazarla con la misma efectividad y a mejor costo.

La clave para la comprensión del fundamento de estos servicios estratégicos prestados al hombre y a la sociedad por la familia matrimonial radica en la ‘incondicionalidad ecológica establecida entre los miembros de la comunidad familiar entre sí, como consecuencia de los vínculos causados por el matrimonio y la consanguinidad’. Incondicionalidad que incluye aspectos no sólo físicos sino afectivos y psicosomáticos.

Esta vinculación (de incondicionalidad ecológica), no puede ser real y verdadera en otro tipo de comunidades no soportadas en el matrimonio y la consanguinidad, y en el caso de comunidades soportadas únicamente en la consanguinidad, la incondicionalidad que poseen la tienen por realizar en parte el modelo natural matrimonial. Adicionalmente, este fenómeno de incondicionalidad natural no puede ser improvisado, ni suplantado mediante inventos carentes de fundamento antropológico real, ya sea por el Estado o por otros agentes, pues bajo dicho escenario la ‘incondicionalidad’ sencillamente no surge. Es pues sólo la familia la que puede ofrecer en condiciones óptimas y a muy bajo costo una serie de servicios estratégicos en virtud de su propia energía interna y en forma masiva. Esta es la razón por lo que la familia es realmente el sujeto social primario.

La expresión concreta de la incondicionalidad ecológica, de la que venimos hablando, consiste en que el criterio que rige las relaciones intrafamiliares es el de la igual y absoluta dignidad de cada uno de sus miembros.

¿Cuáles son estas funciones? Sería muy extenso pretender agotar las muy variadas y ricas funciones que desempeña la familia, por lo que me limitaré a señalar las que se han observado como principales:

1.- Dar lugar a la siguiente generación. Proceso en el que la familia brinda un servicio integral y con calidad inigualable. El servicio completo consiste en concebir, gestar, parir y recibir a cada integrante de la nueva generación.

2.- Educación de los hijos habidos. Proceso largo y complejo que exige estabilidad, incluye la formación en la socialización, así como procesos asistenciales y educativos como, alimentación, salud, higiene.

3.- Aportación de identidad histórica y biográfica, desarrollo y formación de la personalidad, formación del carácter, formación y entrenamiento para las relaciones interpersonales que más adelante se enfrentarán en el exterior.

4.- Formación en valores éticos y cívicos, así como en la participación. Elementos fundamentales para el necesario respeto y práctica de buenas relaciones interpersonales a nivel social, el respeto a los derechos humanos y al ejercicio de las libertades políticas, la educación que previene corrupción y delincuencia.

5.- Asegura la transmisión de valores culturales, el uso de la lengua, el aprecio por las tradiciones y las costumbres, tanto cívicas como religiosas. Fortalece el sentido de pertenencia de la persona a su comunidad política (nacionalismo). Articula el pasado con el presente y el futuro, pues en la familia participan personas pertenecientes a distintas generaciones.

6.- Educa en la solidaridad, la tolerancia y el control de impulsos y pasiones. Capacita y entrena para un desempeño exitoso de la persona en el exterior. Constituye el mejor apoyo para evitar caer en situaciones de drogadicción o de otras adicciones, así como a salir de ellas.

7.- Es un importante centro de capacitación para la competitividad en el trabajo, enseña a construir el futuro mediante la acumulación de esfuerzos. Adicionalmente tener una familia es el mejor estímulo para asumir retos, iniciar proyectos, vencer obstáculos. Por lo que la familia constituye en sí una gran ventaja competitiva para cualquier sociedad.

8.- Asistencia especial a miembros de la familia con diversas necesidades, ancianos, enfermos, capacidades diferenciadas. Con frecuencia es el mejor y en algunos lugares el único seguro de desempleo. Adicionalmente auxilia en caso de desgracias y accidentes, con especial solidaridad y generalmente antes de que llegue cualquier otra fuente de ayuda.

9.- Educa y auxilia en la solución de conflictos, tanto internos como externos. Es la familia el principal coadyuvante de cualquiera en la solución de sus principales conflictos, pues nunca necesita ser llamada, siempre esta presente con sus miembros en estos trances.

10.- Todos estos servicios estratégicos los realiza la familia a un costo bajísimo en comparación con el beneficio que aporta. Si por un momento imagináramos que todos estos servicios tuvieran que ser prestados por el Estado o por otras instituciones de la sociedad, además de su inevitable falta de calidez y sentido de solidaridad en que es imposible igualar a la familia, los elevados costos de estos servicios serían de consecuencias devastadoras en la sociedad.

De esta manera, la cuarta gran maravilla del matrimonio y, de la familia de fundación matrimonial es el importante conjunto de servicios estratégicos que presta al ecosistema del hombre con una eficacia y costo inmejorables por cualquier otra opción