Las experiencias que les estaré compartiendo no son una respuesta a las cuestiones dramáticas que plantea la existencia, tampoco son una justificación a Dios por el escándalo de mis desgracias; no, en estas letras lo que pretendo es mostrar a un hombre liberado y pacificado como consecuencia de haber vivido la experiencia de Dios en el despojo y en la gratitud.
Como Job, también exclamo: «Yo te conocía solo de oídas, más ahora te han visto mis ojos».
Cual todo ser humano, nací dotado de instintos, de inteligencia y de sentimientos, y también poseo el don más preciado de todos después de la vida: la libertad. Sin embargo, paradójicamente como consecuencia del mal uso que hice de estos dones, parte de mi vida transcurrió en un ostracismo tal, que terminé preso de mi propia libertad.
Anteriormente yo estaba convencido de que mientras más vivencias acumula una persona más evolucionada y realizada estaría. Hoy he comprendido que una persona se realiza cuando hace un compromiso y a partir de este, selecciona experiencias que honren, promuevan y reafirmen el compromiso.
En ese culto a acumular vivencias que me urgió a atrapar todo lo que podía en mi paso por la vida, quedé tan fragmentado que solo un milagro pudo volver a reintegrarme.
“Mi más dolorosa y cruel decepción fue que al final me quedé con el mismo vacío que creí haber llenado”.
De entre la enorme variedad de valores sociales, morales, y porqué no decirlo, también espirituales que se me ofrecieron, no pude darme cuenta con que facilidad debido a esta pluriformidad eludí la metanoia, -ese profundo cambio en el orden de nuestras prioridades que transforma radicalmente nuestras vidas-, escogiendo solo aquellos elementos que corroboraran mis puntos de vista sin detenerme a analizar que lo que siempre necesité no fue una corroboración, sino una conversión, la cual el día de hoy me ha allanado el camino al corazón, y este camino no es otro que el de la experiencia del perdón.
Piet Van Bremen en su libro “ Él nos amó primero ” nos regala el siguiente mensaje: “Aprendiendo a vivir el perdón de Dios, no tardaremos en descubrir que a diario sucumbimos infinidad de veces, pero estas caídas no nos impedirán ser personas totalmente felices”.
Solo quien ha podido acceder a lo más íntimo de su corazón podrá constatar la agonía que el sufrimiento de la culpabilidad puede suponer por un lado, y la alegría que significa vivir cuando por fin se ha liberado de estos sufrimientos.
Del infierno a la gloria, de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida: Esta es la historia.
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